Entre Anatolia y Tracia, se extiende al final de los Balcanes un país de historia milenaria, que ha vivido y sufrido por el hecho de ser encrucijada de generaciones. Queriendo ser europea, aunque con trazas de Asia, buscando la ortodoxia de la cristiandad, aunque no abandonando jamás su identidad musulmana, y convertida quiera o no, en cola de rape, más que en cabeza de sardina (más pobre en paises de ricos que rica en paises de pobres), ha ido haciendo de su capa un sayo, y superando conflictos y avatares, que la han llevado una democracia difícil, pero trabajada.
En la actualidad, Turquía es país de contrastes, abierto a los turistas y a la vez receloso con costumbres y tradiciones. Sus vaivenes (algunos históricos), han condicionado su integración en la vieja Europa, porqué no es lo mismo Ankara que Estambul, (donde muere el Mediterráneo de Serrat, nacido desde Algeciras), ni ser un tesoro bucólico, que mamar la realidad cotidiana del euro.
Sin embargo, paradójicamente, es país integrador de gente importante del deporte. Del deporte español, y más concretamente del fútbol. Rijkaard, valedor de la autogestión en el Barça, ha entrenado al Galatasaray, con su calma y su sueño. Güiza, eterna promesa del fútbol español, fue tema de los sálvames y decs respaldado por su santa y gadinata madre (de Jerez, eso sí), y machacado hasta el despiece por la otrora representante Nuria Bermúdez.
Ahora, Guti ha optado por seguir los pasos de ambos. Exportará el pim pam pim pam y hasta olvidará que Del Bosque sentó cátedra en el oriente Europeo. O no, quien sabe sí, condicionado por las características disciplinadas del país de acogida, sembrará sus mejores pases en el Beskitas, y las diez de la noche acompañará a los teletubbies turcos, sabiendo que dos millones y medio de euros anuales que entrarán religiosamente en su bolsillo, suponen mucha responsabilidad.
No creo que se corte ni un pelo, y menos con semejantes precedentes, ( y otros que he obviado). Aquí hemos perdido la gran parodia de Guti en Crackovia, al extremo Este de Europa hay fiesta a la turca, y pronto, en el distrito de Estambul que baña el Bósforo, el pim pam pim pam, será canto bizantino, con el que rezarán todos los feligreses.

Algun dels caps de setmana, -quan podien-, venien els pares de visita. Lo pare em portava el diari DICEN, ya desparegut, on sortien les darreres novetats del meu Barça. Recordo un dissabte especial, quan en arribar em van preguntar on anava i vaig respondre que a jugar. Lo pare, obrint el maletero del seu primer cotxe, un R-5 groc, matrícula SS-7470-E em va preguntar: “-I amb això no vols jugar?” Una bicicleta BH blava que per mi va ser com si m’haguès portat el darrer model de Porsche!!
Les nou sonàven al campanar, i tot i haver un cert marge, molt més tolerant que a migdia, calia rentar mans i a sopar. A casa de vegades sent només tres, hi havia tres sopars diferents, perquè no erem rics, però tampoc faltava res que ens vinguès de gust. En acabar a la fresca, a escoltar l’òliba de la que tant he parlat, i als vells del carrer que encara tinc presents com si fóra ahir. Temps era temps. No tornaran ni han de tornar, però em pregunto si n’hi hauran de millors.






