
El aeropuerto JFK, en Estados Unidos, en manos de un niño
La voz de pito de niño debió confundir al piloto del JETBLUE 171 que se preparaba para aterrizar en el aeropuerto JFK. la noticia de que un niño asumió con el consentimiento de su padre los mensajes a dos pilotos en plenas maniobras ha dado la vuelta al mundo sorprendente e incrédulamente.
Me da que pensar -ya imagino que no es así-, el hecho de que un oficio que está pagado como ninguno, sea un juguete en mano de niños. Parece que con una voz decidida aunque infantil, y cierta capacidad de idiomas puedes dirigir el tráfico aéreo de un aeropuerto, aunque sea bajo la vigilancia paterna que ha buscado una absurda excusa para ceder a las pretensiones del hijo. Digo que si un niño ha sido capaz de eso, aunque probablemente sea un crack en informática, ofimática, ingeniería aeronaval, matemáticas, física cuántica y de la otra, casi hasta me atrevo yo a semejante hazaña.
O sino habrá que empezar a cuestionar a tan tiernos infantes, y ponerlos a trabajar a muy corta edad, aunque a diferencia de nuestros abuelos que a los doce años se llagaban los dedos con la guadaña, respiraban los gases tisú de la mina, o cumplían con atroces horarios en una cadena de montaje, se les dará las responsabilidades que sus progenitores tengan en ese momento: Mi sobrina Carla la pondré a los mandos del autocar nada más llegue a los pedales aunque sea con calzos, cualquier hijo de un potentado industrial se encargará de los debes y haberes de la empresa hasta hundirla, ( o no). Y hasta las góticas hijas de Zapatero dirán aquello de “-Apoyaré el estatuto que salga del Parlament de Catalunya“. O aquello tan oído de “Lo peor de la crisis ya ha pasado“. Aunque sea mentira, al fin y al cabo ya dijo hace años Marisol, que “La vida es una tómbola“
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