Acabo de leer, con tremenda satisfacción, el libro que publicó mi amigo José Calvo LA PASTORA, del monte al mito, aunque la terrible personalidad de Teresa/Florencio Pla Meseguer, creo que hizo de él un auténtico personaje, antes de echarse al monte con los maquis, en 1.949.

Portada del libro, con la imagen de Florencio/Teresa Pla Meseguer
Los innumerables detalles sobre guerrilleros y contendientes, los muchos contextos históricos y sobretodo geográficos en los que se desarrollan los hechos, y las más de 650 páginas preñadas de contenido, lejos de atribularme, me han ido trayendo vivencias y paisajes, todo ello desconocido para mi, consiguiendo sentirme integrado en la lectura, e intrigado a cada página que mis dedos iban pasando. Por todo ello quiero felicitar desde esta humilde tribuna al autor, no sólo por el contenido sino por la difícil y árdua labor que se esconde detrás del libro.
Algunas conclusiones a bote pronto, la primera derivada del título de este artículo. La guerra no terminó el 1 de Abril de 1.939 cuando Franco desde su cuertel general de Burgos la dio por extinguida. Los muertos de ambos bandos siguieron cayendo a lo largo del territorio español.
La pregunta que me acecha, -al menos una vez analizado el texto-, es si los maquis fueron en origen un hecho político, o simplemente una realidad social, consecuencia de la injusticia de una dictadura incipiente, y del

José Calvo Segarra, investigador y autor de la obra.
hambre reinante una vez pasada la crueldad de la guerra. Florencio no parece, en su foro interior, un hombre que no pretendiera en la vida poco más que ganarse el pan y ser feliz, aunque su dualidad personal pudiera ser óbice para ello. Sin embargo un día decide irse al monte, del que nunca se había ido, con intenciones bien distintas. Un hombre al que no le falta de nada, que sabe ahorrar y en definitiva vive como otra persona cualquiera, rompe con su pasado para cambiar radicalmente de hábitos. ¿Por qué?.
La realidad de los maquis, como otras tantas de la existencia, ha ido perdiendo animadversión en la opinión pública, en beneficio de una cierta complicidad al entender que muchos de los perdedores no querían olvidar que ellos luchaban por un poder establecido legítimamente en las urnas (la república) y en contra de una dictadura impuesta que paradójicamente triunfó por la falta de disciplina y de liderazgo en los milicianos, demasiado perdidos en partidismos y olvidadizos en cuanto a defender una causa común se refiere.
Ese mismo error queda reflejado contundentemente en la post-guerra, y el libro es testimonio de ello. Lo recomiendo encarecidamente e invito a su autor a seguir trabajando en ello o en temas afines. Aunque sea para poder parafrasear al gran historiador Pierre Vilar que en su Historia de España manifiesta sin temor alguno: “Afortunadamente la historia, nunca se repite”.






Creo que esta vez, todos los que montaron la fiesta que el pasado sábado disfrutamos en Xert, han conseguido agotar mi capacidad de escribir adjetivos. Desde las ocho de la tarde en que los cabritos y la pata de ternera empezaron a voltear al calor del fuego, fueron muchas las emociones y la posibilidad de compartir con los amigos (los viejos y los nuevos), unas horas que desde luego tardaremos mucho en olvidar.









Ahora, Guti ha optado por seguir los pasos de ambos. Exportará el pim pam pim pam y hasta olvidará que Del Bosque sentó cátedra en el oriente Europeo. O no, quien sabe sí, condicionado por las características disciplinadas del país de acogida, sembrará sus mejores pases en el Beskitas, y las diez de la noche acompañará a los teletubbies turcos, sabiendo que dos millones y medio de euros anuales que entrarán religiosamente en su bolsillo, suponen mucha responsabilidad.